Todo lo que abarca el ámbito del dibujo ha sido una pasión constante en mi vida. Comprobar lo que un lápiz y una goma podían hacer sobre un papel en blanco iban a dejar fascinado a un niño, cuya meta permanente era conseguir esos resultados con sus propias manos.
Siempre desde un plano autodidacta, se probaban técnicas, materiales, formatos y temáticas diferentes, para comprobar que en el dibujo no existían límites a la hora de plasmar todos sus recursos. No llego a recordar exactamente en qué momento me enganché a la caricatura, a finales de los ochenta seguro, ¡todavía no había hecho la mili!, pero sí recuerdo que me deslumbró la habilidad que tenían esos artistas para ir más allá del retrato. Con esas exageraciones y desproporciones de los rasgos, conseguían describir perfectamente a sus personajes, incluso podían ahondar en el interior de cada uno, para retratar, no una persona, sino una personalidad. ¡ESPECTACULAR!
A partir de ese momento, del tiempo que dedicaba a esta afición, se iba a llevar la mayor parte el dedicado a la caricatura. Cuando uno empieza practicando con personajes famosos, y escucha las primeras valoraciones, del tipo: "Se parece", "es clavao", etc., se siente alagado porque piensa que va por buen camino. Aunque sin duda, el paso definitivo se produce cuando el modelo no es ningún cantante, actor o deportista famoso, sino el familiar, el compañero de clase, de mili, de equipo o de afición (un saludo Ono). A partir de ahí te das cuenta que hay una forma diferente de observar a la gente. Todas y cada una de las personas poseen un rostro único, donde lo difícil no es ver sus ojos, nariz o boca, sino a través de ellos.
A través de este medio me gustaría mostrar algunos de los trabajos que conservo, (la mayoría han sido regalados y ni siquiera tengo copia, ¡qué dejadez!). También quiero mostrar parte de los que estoy realizando en la última etapa, con el uso de la tecnología en lugar de materiales clásicos.
Que no pare la inspiración!